
La pandemia por el coronavirus SARS-CoV-2 que produce la enfermedad COVID-19, ha generado grandes retos para la humanidad, por lo cual, los gobiernos han generado varias estrategias para controlarla, como las cuarentenas y el aislamiento. El uso obligatorio del tapabocas, el lavado de manos y el distanciamiento social, son solo algunos de los comportamientos que se han vuelto cotidianos. Sin embargo, a pesar de estas medidas, se han registrado más de 110 millones de casos de COVID-19 en el mundo y más de 2.500.000 muertes por esta causa.
Si no se hubieran tomado las medidas anteriormente mencionadas, el total de infectados estaría en más 1.000 millones y las muertes por la enfermedad hubieran alcanzado más de 22 millones, la gran mayoría sin poder acceder a una atención médica adecuada, debido al colapso de los hospitales. Aun empleando las medidas de confinamiento en las diferentes olas epidemiológicas de la enfermedad, la mayoría de los países han tenido colapsada la ocupación de las Unidades de Cuidados Intensivos. La situación hubiera sido más dramática, si no se hubiera empleado dicha estrategia.
El control de la pandemia y la inmunidad
Se ha establecido que el confinamiento logró reducir claramente la incidencia de la enfermedad; es decir, la cantidad de personas infectadas y las muertes ocasionadas; pero ante la falta de inmunidad (defensas en el cuerpo para combatir la infección) de la mayoría de la población, se sigue presentando un riesgo de enfermar por COVID-19.
Se estima que el verdadero control de la enfermedad se logrará cuando 3 de cada 4 personas de la población entre en contacto con la enfermedad y tenga defensas inmunológicas (inmunidad), esto quiere decir, más de 5.700 millones de personas en el mundo y 37 millones de personas en Colombia. La mejor opción para limitar la tasa de infectados y disminuir la mortalidad son las vacunas, debido a que estas son una forma de entrar en contacto con la enfermedad pero de una manera controlada, para que el cuerpo produzca defensas inmunológicas sin presentar la enfermedad en toda su magnitud.
Lecciones de la historia: viruela y poliomielitis
De hecho, la humanidad ya ha experimentado con vacunas que han permitido la disminución o erradicación de varias enfermedades infecciosas, entre estas la viruela, una grave enfermedad de alta mortalidad (30 de cada 100 personas) que en los sobrevivientes generaba cicatrices en la piel. La poliomielitis también, con una alta mortalidad (10 de cada 100 personas), que en algunos casos generaba daños nerviosos e irreversibles en las piernas.
¿Por qué una persona puede no estar interesada en vacunarse?
- 65 de cada 100 personas creen que la vacuna puede ser insegura, debido a los potenciales efectos adversos.
- 16 de cada 100 personas no creen que la vacuna pueda ser lo suficientemente efectiva.
- 9 de cada 100 personas creen que la vacuna será utilizada para manipularlos.
- 8 de cada 100 personas se niegan a aplicarse la vacuna, por otras causas de tipo religioso, místico, político, convicciones personales y desinterés.
- Una de cada 100 personas está en contra de las vacunas en general.
- Una de cada 100 personas no cree que el coronavirus sea peligroso para su salud.
Los sesgos cognitivos pueden desviarlo de su propia razón
La forma como funciona el entendimiento, es buscando y almacenando en la memoria aquellos datos que confirmen las convicciones personales; y consecuentemente, se ignoran o no se tienen en cuenta los datos que puedan contradecir dicha convicción. En este sentido, en el mundo se han formado dos grupos: los que piensan en vacunarse y los que piensan en NO vacunarse.
Primer sesgo cognitivo – ilusión de causalidad: Es cuando se piensa que un suceso (causa) guarda una relación con otro (efecto), en situaciones en que esta relación no es cierta. Por ejemplo, se puede pensar en no vacunarse porque la vacuna (causa) puede producir la muerte (efecto). En esta circunstancia no se está actuando por la razón, sino por el miedo.
Segundo “sesgo cognitivo – ilusión de control”: Los seres humanos tienen una apreciación psicológica diferente al comparar medicamentos con vacunas. El hecho de aplicarse la vacuna estando sanos y sentir reacciones es diferente a tomar fármacos para curar una enfermedad activa.
Tercer sesgo cognitivo – efecto Dunning-Kruger: Se refiere al hecho de que la información existente en internet, para muchas personas es confiable sin diferenciar claramente de dónde procede, generando una confianza exagerada e ilusoria de conocimiento sobre el tema.
Epistemología de la información: desinformación y engaño
- El sesgo de la desinformación: Contenido falso creado a propósito para ganar dinero o causar caos.
- El sesgo de la información engañosa: Personas que comparten contenidos falsos (fake news) sin darse cuenta, movidos por la fibra emocional.
- El sesgo de la información perniciosa: Información verídica pero compartida con el propósito de causar daño mediante titulares exagerados.
- El sesgo de la divulgación selectiva: Mostrar solo los datos que interesan a una postura específica, como los grupos antivacunas.
“No saber manejar la incertidumbre nos vuelve más vulnerables. Si comprendemos los mecanismos instintivos que utilizamos para lidiar con lo desconocido, podremos levantar defensas contra los relatos engañosos”.
(Nyhan y J. Reifler B 2015)
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Artículo basado en la Carta de la Salud de la Fundación Valle del Lili.