Autora:

Dra. Valeria Valencia Cifuentes
Médico Neurólogo, Servicio de Neurología y Medicina del Sueño

El sueño es una necesidad fisiológica tan importante como alimentarse, respirar o beber agua.
“Nunca duermo: vivo y sueño o, mejor dicho, sueño en vida y al dormir, que también es vida.” —Fernando Pessoa
Dormir es una necesidad fisiológica tan importante como alimentarse, respirar o beber agua. Aunque suele considerarse un periodo de descanso, durante el sueño el cerebro y el organismo realizan procesos esenciales para mantener la salud física, mental y emocional.
El sueño es un estado natural y reversible en el que disminuyen la conciencia y la respuesta al entorno. Durante la noche atravesamos ciclos de 90 a 120 minutos que alternan entre sueño REM y No REM. El sueño profundo favorece la recuperación física, mientras que el sueño REM participa en el procesamiento de las emociones y la consolidación de la memoria.
¿Por qué es tan importante dormir bien?
Dormir permite al cerebro organizar la información aprendida durante el día, fortalecer la memoria, favorecer el aprendizaje y regular las emociones. También contribuye a la reparación de tejidos, el equilibrio hormonal, la respuesta inmunológica y el metabolismo.
Dormir poco o de manera fragmentada se relaciona con menor rendimiento cognitivo, irritabilidad, somnolencia, dolor de cabeza y disminución de la calidad de vida. A largo plazo, aumenta el riesgo de hipertensión, obesidad, diabetes, enfermedades cardiovasculares, depresión y deterioro cognitivo.
El reloj interno que regula el descanso
El sueño depende de dos mecanismos: la necesidad acumulada de dormir y el ritmo circadiano, un reloj biológico sincronizado principalmente por la luz. La oscuridad favorece la producción de melatonina, mientras que la exposición nocturna a pantallas, los turnos de trabajo o los cambios de horario pueden alterar este equilibrio y dificultar un descanso reparador.
¿Cómo cambia el sueño con la edad?
Las necesidades de sueño varían a lo largo de la vida. Los niños requieren más horas por su crecimiento y desarrollo cerebral, mientras que los adultos necesitan entre siete y nueve horas por noche. En los adultos mayores es frecuente un sueño más ligero, aunque dormir mal no debe considerarse una consecuencia normal del envejecimiento, ya que puede estar asociado a trastornos tratables.
Los trastornos del sueño más frecuentes
Entre los más comunes están el insomnio, la apnea obstructiva del sueño, el síndrome de piernas inquietas, las parasomnias, como el sonambulismo y los terrores nocturnos, y la somnolencia diurna excesiva, que puede interferir con actividades como trabajar o conducir.
Polisomnografía: comprender el sueño para tratarlo
Cuando existen ronquidos intensos, pausas respiratorias, movimientos anormales o somnolencia excesiva, el especialista puede indicar una polisomnografía, el estudio más completo para evaluar los trastornos del sueño. Este examen registra la actividad cerebral, la respiración, la frecuencia cardíaca, el nivel de oxígeno y los movimientos corporales, facilitando un diagnóstico preciso.
En la Fundación Valle del Lili contamos con un servicio especializado en medicina del sueño y polisomnografía para la evaluación integral de estos trastornos. Reconocer sus señales y consultar oportunamente puede mejorar la calidad de vida y prevenir complicaciones.
Los mandamientos de la higiene del sueño
La World Sleep Society recomienda mantener horarios regulares para dormir y despertar, limitar las siestas, evitar alcohol, tabaco y cafeína antes de acostarse, no consumir comidas pesadas en la noche, hacer ejercicio de forma regular, mantener un ambiente cómodo, silencioso y oscuro, y reservar la cama únicamente para dormir. Estos hábitos favorecen un descanso reparador y una mejor salud.