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Programa de diabetes en adultos

4 noviembre 2026

Programa de diabetes en adultos

Secciones internas de este artículo:



La diabetes es una enfermedad crónica del metabolismo, es decir, de larga duración, que no se puede curar, pero sí controlar. Esta condición consiste en la deficiente producción de la hormona insulina, la alteración en su funcionamiento, o en ambas situaciones. Esto genera un aumento de los niveles de azúcar en la sangre, causando problemas en los distintos órganos del cuerpo.

Para comprender cómo funciona, es importante definir dos elementos clave:

  • La glucosa: Es el tipo de azúcar que el cuerpo utiliza como fuente de energía necesaria para realizar los movimientos y funciones diarias. Se obtiene principalmente de los alimentos que contienen carbohidratos (azúcares y almidones).
  • La insulina: Es una hormona encargada de actuar como una “llave” que permite el ingreso de la glucosa desde las vías sanguíneas hacia las células del cuerpo (como las del hígado, músculo y grasa) para ser guardada o utilizada.

Cuando la cantidad de insulina no es suficiente o esta no es capaz de actuar adecuadamente, la glucosa no puede ingresar a la mayoría de las células. Como consecuencia, el azúcar se acumula en la sangre y en el líquido intersticial (el espacio líquido entre las células), elevando la glicemia (nivel de azúcar en la sangre) y provocando la aparición de los síntomas.


La enfermedad se clasifica en cuatro tipos principales dependiendo de su causa original:

En este tipo, el cuerpo presenta una incapacidad absoluta para producir insulina. Debido a esto, las células se quedan sin su fuente de energía y la glucemia en la sangre se eleva de forma drástica. El tratamiento indispensable para estos pacientes es la aplicación externa de insulina.

Es causada por una producción defectuosa de insulina o por una resistencia a esta. Los pacientes con esta variedad no toleran o no aprovechan su propia hormona, lo que impide que las células “abran sus puertas”, dejándolas sin energía y elevando los niveles de azúcar. Generalmente, no requieren la aplicación inmediata de insulina para su manejo, sino el uso de medicamentos orales (pastillas).

Es aquella variedad de la enfermedad que se desencadena y se diagnostica de forma específica durante el embarazo. Por lo general, esta condición mejora o desaparece después del parto.

Existen variantes menos comunes que son debidas a causas muy puntuales, tales como el uso secundario de ciertos medicamentos, otras enfermedades de base o la existencia de trastornos genéticos específicos.


Existen condiciones particulares que aumentan las probabilidades de desarrollar esta condición:

  • Tener una edad mayor a los 45 años.
  • Contar con antecedentes o familiares directos con un diagnóstico de diabetes.
  • Sobrepeso u obesidad.
  • Tener una historia médica previa de enfermedades del corazón.
  • Haber desarrollado diabetes gestacional durante el embarazo.
  • Lípidos (grasas en la sangre, como el colesterol y los triglicéridos) alterados.

  • Pérdida de peso acelerada y sin causa aparente.
  • Sed excesiva y constante.
  • Necesidad de orinar con frecuencia inusual.
  • Falta crónica de energía o cansancio extremo.
  • Visión borrosa.

El diagnóstico de la enfermedad se establece mediante exámenes de laboratorio específicos cuando se presentan los siguientes rangos de referencia:

  • Glicemia o azúcar en ayunas mayor a 126 mg/dl.
  • Hemoglobina glicosilada superior al 6,5%.
  • Glicemia después de 2 horas, con carga de azúcar mayor a 200 mg/dl.

El tratamiento se define de manera individualizada, dependiendo de la variante de diabetes diagnosticada y de la presencia de otras enfermedades asociadas, así como su condición de salud. Sin embargo, existen pilares de autocuidado obligatorios para todas las personas:

Cuando se requiere el uso de terapias inyectables (ya sea la aplicación de insulina o el uso de medicamentos inyectables diferentes a la insulina enfocados en el control de la diabetes y la obesidad), es una prioridad que tanto el paciente como su cuidador principal asimilen la técnica correcta de preparación y las zonas corporales donde se debe realizar la aplicación.

Dado que el consumo de carbohidratos genera un incremento directo de los niveles de glucosa en la sangre, es fundamental aprender a identificar la cantidad de azúcares y almidones que se ingieren en cada comida. Controlar estas porciones es indispensable para mantener la glucemia dentro de los límites deseados.

Las personas que viven con diabetes presentan una predisposición mayor a desarrollar enfermedades en las encías (como infecciones o inflamaciones) y a sufrir la pérdida prematura de los dientes. Esto ocurre debido a factores clínicos como la sequedad constante en la boca, una velocidad de cicatrización más lenta en las heridas de las mucosas y una alteración general en las defensas del organismo.

Realizar ejercicio de forma regular es una herramienta terapéutica, ya que aumenta la sensibilidad de las células a la insulina. Esto hace que la hormona sea mucho más eficiente y permite que una mayor cantidad de glucosa salga de la sangre y entre a los tejidos. La recomendación generalizada indica realizar actividad física un mínimo de 3 veces por semana, durante sesiones de 50 minutos cada una.


La diabetes es una condición metabólica que requiere un monitoreo constante para mantener los niveles de azúcar en la sangre dentro de los rangos deseados. Un control inadecuado de la glucosa (azúcar en la sangre) puede derivar en situaciones de emergencia o en daños progresivos a diferentes órganos del cuerpo.

Es el exceso de azúcar en la sangre. Dependiendo del nivel de glucosa, se presentarán también los síntomas. Es recomendable mantener valores de glicemia menores a 140 mg/dl para evitar complicaciones crónicas.

  • Sed excesiva.
  • Orinar con frecuencia.
  • Piel seca.
  • Sensación de hambre constantemente.
  • Visión borrosa.

  • Realice una glucometría. Si presenta cifras superiores a 250 mg/dl varias veces en el mismo día, consulte.
  • Reduzca las actividades físicas, guarde reposo.
  • Ingiera abundante líquido (un vaso por hora). Si no lo tolera o vomita, acuda a urgencias para iniciar hidratación vía endovenosa.
  • Tómese la temperatura, documente si tiene fiebre (mayor a 38 °C).
  • Ajuste la insulina de acción rápida de acuerdo con las instrucciones del médico.

Es una complicación que aparece tras un aumento elevado de la glucosa (azúcar) en la sangre (mayor a 400 mg/dl). Es frecuente en diabetes tipo 1 y se caracteriza por la acumulación de sustancias dañinas llamadas cetonas. Se presenta cuando el cuerpo no puede usar el azúcar como fuente de energía porque no hay insulina o es insuficiente; en lugar de esto, se utiliza la grasa para obtener energía.

  • Olvidar la aplicación de insulina.
  • Infecciones (respiratorias, digestivas, urinarias, etc.).
  • Infartos o accidentes vasculares cerebrales.
  • Consumo excesivo de alcohol.
  • Mal control de la glucosa sanguínea.
  • Traumatismos graves (fracturas, accidentes, golpes).
  • Problemas en la tiroides, embarazo o estrés severo.
  • Efectos de algunos medicamentos.

  • Ganas de orinar o sed frecuente.
  • Cansancio y dolor o rigidez muscular.
  • Aliento con olor a manzana (aliento cetónico).
  • Náuseas y/o vómito.
  • Respiración acelerada o dificultad para respirar.
  • Dolor abdominal y de cabeza.
  • Disminución del apetito y alteración del estado de conciencia.

  • Realice toma de glucometría inmediata.
  • En caso de olvido, suministre de inmediato el medicamento correspondiente.
  • Comience a hidratarse (beba suficiente agua).
  • Mida su glucemia capilar en cuanto le sea posible y busque atención médica urgente.

  • Avise al médico o al educador en salud.
  • Reduzca la actividad física y guarde reposo.
  • Tome abundante líquido (un vaso de agua por hora). Si no lo tolera o vomita, acuda a urgencias para iniciar hidratación vía endovenosa.
  • Tómese la temperatura para verificar si tiene fiebre.
  • En caso de infecciones respiratorias o digestivas acuda de inmediato con su médico para ajustar la medicación.

Se caracteriza porque el nivel de glicemia generalmente es mayor a 700 mg/dl. Se presenta con mayor frecuencia en la diabetes tipo 2 con historial de alguna enfermedad o proceso infeccioso que lo ha descompensado.

La deshidratación y la hiperglicemia severa pueden llevar al coma y requieren manejo hospitalario inmediato. En estas condiciones el paciente se maneja con insulina intravenosa, a pesar de que su tratamiento ambulatorio habitual sea con medicamentos orales.

Es la emergencia metabólica más común en pacientes diabéticos medicados; se caracteriza por la disminución de la glucosa en sangre por debajo de 70 mg/dl.

  • Uso inapropiado de medicamentos (dosis excesiva de pastillas o insulina).
  • Disminución, retraso u omisión en el horario de alimentación.
  • Aumento imprevisto o excesivo de la actividad física.
  • Falla renal o hepática asociada.
  • Consumo de bebidas alcohólicas.
  • Infecciones agudas.

  • Leves: Sudoración fría, temblor, palpitaciones, ansiedad, mareo, hambre súbita, visión borrosa, debilidad, cansancio, dolor de cabeza.
  • Severos: Irritabilidad extrema, confusión, cambios drásticos de comportamiento, convulsiones o pérdida del conocimiento (coma).

Si presenta síntomas, chequee su glucometría para confirmar el nivel de glucosa e iniciar la corrección de forma inmediata.

Ante los primeros síntomas, tome la glucometría. Si es inferior a 70 mg/dl, realice el siguiente procedimiento:

  • 1. Suministre 15 gramos de carbohidrato de absorción rápida: equivalentes a 3 sobres de azúcar disueltos en medio vaso de agua, 1 cucharada sopera de miel, medio vaso de gaseosa regular (no light), un vaso de jugo o 1 sobre pequeño de leche condensada.
  • 2. Espere 15 minutos en reposo: Tome la glucometría nuevamente y verifique que sea superior a 70 mg/dl.
  • 3. Si continúa por debajo de 70 mg/dl: Repita el proceso suministrando otros 15 gramos y vuelva a medir en 15 minutos.
  • Atención en casos severos: Si la persona no está consciente o presenta confusión grave, no dé alimentos ni líquidos por boca por riesgo de broncoaspiración. En estos casos se debe aplicar una ampolla de glucagón (según indicación de su médico) o trasladar de inmediato al servicio de urgencias.

  • Si teme que se pueda repetir, consuma un carbohidrato complejo sin azúcar (pan, galletas con leche o adelante la comida principal más cercana).
  • Si el episodio ocurrió por retraso en una comida, proceda a ingerirla inmediatamente.
  • Si el bajón fue severo, consulte a su médico tratante para reajustar las dosis de insulina.
  • Nunca suspenda sus medicamentos sin previa orientación médica.

Es una complicación de la diabetes que deteriora los vasos sanguíneos de la retina, debido a los niveles persistentemente elevados de glucosa en la sangre.

En las primeras etapas de la enfermedad pueden no presentarse síntomas. Por esta razón, es fundamental realizarse un chequeo oftalmológico anual. Con el avance de la afección pueden aparecer:

  • Visión borrosa o fluctuante.
  • Manchas oscuras o flotantes en el campo visual.
  • Sombras o áreas de visión perdidas.
  • Sensación de ceguera o pérdida gradual de la visión.

  • Diabetes con muchos años de evolución o con mal control.
  • Hipertensión arterial mal controlada.
  • Tabaquismo y consumo de alcohol.
  • Embarazo en pacientes con diabetes previa.
  • Niveles altos de colesterol y triglicéridos.
  • Alteraciones en el riñón o presencia de daño renal.

  • Control de la glucosa sanguínea.
  • Valores normales de presión arterial, colesterol y triglicéridos.
  • En embarazo, realizar un examen oftalmológico.
  • Consulta oftalmológica mínimo 1 vez al año.
  • Evitar alcohol y cigarrillo.

  • Educación del paciente.
  • Fotocoagulación con láser.
  • Inyección de anti-VEGF.
  • Inyección de esteroides.
  • Cirugía vitreo retiniana.

Los riñones son los órganos encargados de filtrar los desechos del cuerpo para ser expulsados a través de la orina. La diabetes mal controlada, podría generar una disminución de esta función, causando la acumulación de estas sustancias y produciendo efectos tóxicos nocivos.

La glucosa se eleva constantemente y modifica la función renal; esta situación en un principio es reversible. Sin embargo, con el tiempo, puede convertirse en una lesión definitiva. Este proceso se acelera cuando la persona es diabética y además padece hipertensión o es fumadora. Existen otros factores que influyen, como las condiciones genéticas y las infecciones urinarias repetidas.

En un principio no presenta síntomas hasta que se produce un daño grave (a veces irreparable) en la función del riñón.

Es fundamental mantener una diabetes controlada y realizar exámenes de sangre y de orina periódicamente (al menos una vez al año en diabéticos tipo 2) para conocer el funcionamiento del riñón:

  • Medición de microalbuminuria en orina.
  • Proteinuria.
  • Medición de creatinina sérica en sangre.

En sus inicios se puede tratar eficazmente a través el mantenimiento de valores de glucemia próximos a la normalidad, por medio de:

  • Dieta: Reducir las proteínas animales: carne, pescado, huevos. Disminuir la cantidad de sal en las comidas.
  • Controlar la tensión arterial.
  • Realizar actividad física.
  • Moderar el consumo de alcohol y eliminar por completo el cigarrillo.
  • Cumplir con la medicación indicada.
  • Disminuir el peso, si existe obesidad.
  • Controlar el colesterol o alteraciones de la coagulación (factores de riesgo cardiovascular).
  • Asistir a control y tratamiento sistemático de cualquier infección urinaria.

  • Malestar general.
  • Aumento de presión arterial y urea elevada.

Cuando existe una insuficiencia renal avanzada, se pueden alterar los exámenes de laboratorio: creatinina, potasio y ácido úrico.

Diálisis: consiste en sustituir la función de filtración de los riñones que se ha perdido, a través de:

  • Hemodiálisis: limpieza de la sangre a través de una máquina que se conecta al cuerpo 2 o 3 días por semana.
  • Diálisis peritoneal: extracción del exceso de agua y desechos acumulados a través de un dispositivo.
  • La diálisis disminuye los síntomas de la insuficiencia renal y es compatible con una vida razonablemente activa.

Con este método se obtiene una rehabilitación más completa.

Los pacientes con diabetes tipo 1 pueden ser candidatos de un doble trasplante (pancreático y renal).

  • La enfermedad renal por la diabetes es una complicación potencialmente grave.
  • Su aparición depende del tiempo de evolución de la enfermedad y del nivel de la glucosa en sangre, entre otros factores.
  • La detección a tiempo y la adopción del tratamiento apropiado pueden detener su evolución.
  • En último término, la diálisis y el trasplante garantizan que se pueda sobrevivir a esta enfermedad.

Si el paciente conoce su enfermedad, logrará un control adecuado de esta, obteniendo mejor calidad de vida. Así mismo, será capaz de detectar cualquier cambio para evitar complicaciones.


Al padecer diabetes se desarrollan alteraciones en el sistema nervioso, ya que al ser una enfermedad que afecta las hormonas, impide que se mantenga un equilibrio interno, que le permita funcionar de manera apropiada.

Tener diabetes incrementa el riesgo de presentar infarto cerebral. Con altos niveles de azúcar en la sangre, en el momento de un accidente cerebrovascular (trombosis o derrame cerebral) se reduce la probabilidad de una recuperación completa de la función neurológica y aumenta el riesgo de muerte.

  • Isquemia (infarto) Oclusión de una arteria cerebral.
  • Hemorragia Ocasionada por la ruptura de una arteria del cerebro.

  • Adormecimiento y cosquilleo en las manos y los pies.
  • Disminución de la sensibilidad.
  • Úlceras generalmente en los miembros inferiores.
  • Alteraciones en las articulaciones de los pies.

Con el tiempo, los pacientes diabéticos pueden desarrollar daños y trastornos en los nervios del cuerpo. Estos riesgos aumentan con la edad y con una diabetes prolongada. Las neuropatías diabéticas son comunes en personas con elevados niveles de glucosa en la sangre, presión arterial y sobrepeso.

La alteración del sistema nervioso puede ocurrir en un alto porcentaje en pacientes diabéticos (40%). Esto aumenta el riesgo de muerte súbita, infarto de miocardio e insuficiencia renal. Produce síntomas de alteraciones en la presión arterial, impotencia, vejiga, trastornos digestivos y sudoración.

  • Mantenga los niveles de glucosa cerca de lo normal (<110 mg / dl).
  • Mantenga buenos hábitos alimenticios y actividad física.
  • En casos especiales, se requieren medicamentos y fisioterapia.

Los niveles elevados de azúcar en la sangre pueden dañar los vasos sanguíneos y los nervios, que en el oído pueden afectar de las siguientes formas:

  • El metabolismo de la glucosa es la mayor fuente de energía del oído interno, que permite su óptimo funcionamiento. Si este medio se altera, se producen cambios en la audición y el equilibrio.
  • Los vasos sanguíneos encargados de transportar oxígeno al oído interno y el nervio auditivo presentan problemas causados por la acumulación de placa (sustancia pegajosa compuesta principalmente por grasa y calcio).
  • El daño en los nervios dificulta la tarea de transmitir mensajes de diferentes partes del cuerpo al cerebro y viceversa, afectando el nervio vestíbulo – auditivo, encargado del equilibrio y la audición.
  • Pitos o zumbidos.
  • Dolor severo en la parte afectada.
  • Disminución de la audición.
  • Vértigo.
  • Parálisis de un lado de la cara.
  • Otitis externa maligna: Proceso infeccioso que si no se trata a tiempo puede resultar en la muerte del paciente. Inicia en el canal auditivo externo y se extiende hacia el cartílago, la parótida y los huesos cercanos, si no hay tratamiento, pasa al cráneo produciendo graves complicaciones.

  • Dificultad para percibir sonidos como: timbres de teléfonos, voces femeninas o de niños.
  • Zumbidos en uno o ambos oídos, dolor de oídos persistente, uso del volumen del televisor muy alto; frecuentemente oye, pero no entiende.

La disminución auditiva afecta su comunicación, interfiere con todas sus actividades y conlleva a un deterioro emocional o de calidad de vida.

Es posible la intervención médica o quirúrgica para mejorar la audición. Si la disminución auditiva es irreversible, se recomienda ayudas auditivas: audífonos, implantes cocleares u otros sistemas de amplificación.

  • Vigilar constantemente los síntomas asociados.
  • Prevenir la presencia de otras alteraciones.
  • Si se detecta a tiempo, se puede controlar y mejorar.
  • En el caso de ser irreversibles, se puede brindar un manejo adecuado y prevenir que deteriore su calidad de vida.

El pie diabético es una de las principales complicaciones de la diabetes y es causa frecuente de amputación de partes inferiores como: dedos de los pies, piernas y pies.

  • Del 15 al 25% de los pacientes podrá desarrollar problemas de pie diabético a lo largo de su vida.
  • La diabetes puede producir alteraciones en la circulación, disminución en la sensibilidad y mayor riesgo de desarrollar heridas de lenta y difícil curación. Esto puede generar infecciones que predisponen el desarrollo de pie diabético.
  • Todos los pacientes con diabetes tienen un pie en riesgo, sin embargo, cuando aparece una lesión, infección o gangrena, se considera pie diabético.

  • Conozca y aprenda todo sobre su condición, las complicaciones y cómo prevenirlas.
  • Una diabetes bien controlada es el factor principal para evitar el pie diabético: alimentación adecuada, práctica de ejercicio, administración de medicamentos y exámenes en metas establecidas por el médico.
  • Ante cualquier problema o cambio importante en los pies, consulte con el personal especializado.

  • Examine sus pies todos los días: por encima y debajo.
  • Corte las uñas de manera horizontal y no muy al borde.
  • Evite utilizar callicidas, permita que el personal de salud se encargue de deshacerlos.
  • Tenga especial precaución con la aparición de hongos en las uñas y entre los dedos.
  • Asegúrese de que un profesional de la salud le examine los pies regularmente (mínimo anualmente).

  • Lavarlos a diario con agua tibia y jabón suave.
  • Secarlos con toalla suave sin olvidar secar entre los dedos.
  • Cortar las uñas en forma recta.
  • Preferiblemente use lima.
  • Manténgalos hidratados con crema o aceite, pero no entre los dedos.
  • Use zapatos suaves, cómodos y a la medida.
  • Antes de usar los zapatos, revise que internamente no tenga objetos que puedan lastimarlo.
  • Cubrir los pies con calcetines o medias, evitando que queden apretados.
  • Las durezas y callosidades deben ser tratadas por un experto.

  • Llevar los pies sucios.
  • Asearlos con agua muy caliente o fría.
  • Cortar las uñas en forma redonda, hacerlo teniendo mala visión o con objetos cortopunzantes.
  • Si va a utilizar talco, no lo aplique directamente sobre los pies, sino en los zapatos.
  • Caminar descalzo.
  • Dejar humedad entre los dedos.
  • Frotar los pies al secarlos.
  • Usar calzado plano o tacón muy alto.
  • Utilizar esparadrapo o adhesivos que impidan la transpiración.
  • Calentarlos con bolsas de agua caliente o almohadillas eléctricas.

  • Punta ancha, alta y redondeada que permita la movilidad de los pies
  • Tacón ancho, con altura entre 2 y 4 cm, no se recomienda zapatos totalmente planos.
  • Cómodo al pisar.
  • La suela y las plantillas deben ser rígidas, evitando que el pie pueda torcerse.
  • El ajuste del calzado debe ser mediante cordones, hebillas, y velcros.
  • Libres de costuras o pliegues.
  • No se deben formar arrugas y aristas en el interior del zapato.
  • Asegúrese de que pueda incluir una plantilla ortopédica.
  • La lengüeta debe cumplir la función de almohadillado.
  • La parte trasera debe ser rígida para impedir la desviación del talón.
  • Enrojecimiento.
  • Ampollas.
  • Callos.
  • Dolor.
  • Úlcera.
  • Hinchazón.

Las personas con diabetes pueden presentar un inicio precoz y una marcada intensidad de síntomas molestos en la vejiga, o cambios en la función sexual. Esto se debe al daño que la enfermedad puede causar en los vasos sanguíneos y nervios.

Incapacidad para lograr o mantener una erección firme y tener relaciones sexuales. Esto puede ser una señal temprana de diabetes, sobre todo en hombres de 45 años o menos.

  • Daños en los nervios.
  • Tabaquismo.
  • Sobrepeso u obesidad.
  • Presión arterial alta.
  • Enfermedad renal.
  • Abuso de alcohol.
  • Daño en los vasos sanguíneos.
  • Factores psicológicos.
  • Efectos adversos de medicamentos.

  • Medicamentos orales.
  • Bomba de vacío.
  • Medicamentos en la uretra.
  • Inyecciones en el pene.
  • Cirugía: Implantación de prótesis, reparación de arterias.
  • Terapia psicológica.

Trastorno en el que el semen fluye (en parte o completamente) hacia la vejiga, en lugar de salir por el pene, causando escasa o nula cantidad de semen durante la eyaculación. Esto se debe a que los esfínteres no funcionan adecuadamente. En estos casos, el semen sale del cuerpo a través de la orina, sin afectar la vejiga.

  • Inadecuado control de la glucosa en la sangre.
  • Cirugía de próstata.
  • Efectos adversos a medicamentos.

  • Medicamentos que fortalecen el esfínter.
  • Tratamientos para la infertilidad: recolección de espermatozoides de la orina para usarlos a través de inseminación artificial.

Si el paciente conoce su enfermedad, logrará un control adecuado de esta, obteniendo mejor calidad de vida. Así mismo, será capaz de detectar cualquier cambio para evitar complicaciones.

  • Lubricación vaginal disminuida, sequedad vaginal.
  • Relaciones sexuales dolorosas o incómodas.
  • Deseo sexual disminuido o ausente.
  • Incapacidad de sentir excitación, mantenerla o alcanzar el orgasmo.
  • Sensibilidad reducida o ausente en el área genital.

  • Daño de los nervios.
  • Disminución de flujo sanguíneo a los tejidos.
  • Cambios hormonales.
  • Medicamentos.
  • Abuso en el consumo de alcohol.
  • Tabaquismo.
  • Problemas psicológicos como ansiedad o depresión.
  • Infecciones ginecológicas.
  • Otras relacionadas con el embarazo y la menopausia.

  • Lubricantes vaginales.
  • Técnicas para tratar la respuesta sexual: cambios en la posición y estimulación durante la relación sexual, terapia psicológica y ejercicios Kegel para fortalecer los músculos pélvicos, entre otros.

Estas alteraciones que afectan a hombres y mujeres diabéticos incluyen problemas de la vejiga e infecciones de las vías urinarias.

Contracciones involuntarias de la vejiga durante el llenado, causadas por el control inadecuado de los músculos del esfínter, estos pueden aflojarse y permitir el goteo o permanecer cerrados cuando se orina.

  • Aumento en la frecuencia urinaria (día y noche).
  • Urgencia urinaria: constante necesidad de orinar repentinamente.
  • Incontinencia urinaria.

Cuando ocurre un daño en los nervios, los músculos de la vejiga no reciben la señal de que es tiempo de orinar o se debilitan impidiendo el vaciamiento de la vejiga por completo. Cuando la vejiga se llena demasiado, se acumula la orina y esta presión puede dañar los riñones. Además, esto puede conducir al desarrollo de una infección en los riñones, la vejiga o incontinencia por rebosamiento.

  • Retención de orina: medicamentos para estimular el vaciado con horario fijo, cateterismo intermitente y masajes en la parte inferior del abdomen para vaciar, entre otros.
  • Goteo: uso de medicamentos, fortalecimiento de los músculos con ejercicios Kegel y cirugía.

Infecciones urinarias: Son producidas generalmente por bacterias (usualmente del sistema digestivo) que alcanzan las vías urinarias. Se pueden clasificar en:

  • Uretritis: las bacterias crecen en la uretra.
  • Cistitis: las bacterias suben por las vías urinarias, causando infección.
  • Pielonefritis: es una manifestación de infección grave del tracto urinario.

  • Necesidad intensa de orinar.
  • Dolor o ardor durante al orinar.
  • Orina turbia o rojiza.
  • En mujeres, presión sobre el hueso púbico.

  • Manteniendo los niveles de glucosa, presión arterial y colesterol en la sangre dentro de lo recomendado por el médico.
  • Realizando actividad física y conservando un peso saludable.
  • Eliminar el hábito de fumar.

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