
Por Marcela Granados Sánchez – Directora General Fundación Valle del Lili
Cuando una ciudad enfrenta una crisis, no solo se pone a prueba su infraestructura, sino la fuerza de su gente. Lo que está viviendo Cali hoy nos duele profundamente. Detrás de esta emergencia hay historias reales: personas, instituciones y familias que hoy lo están pasando mal y enfrentan retos enormes.
Desde nuestra organización, queremos enviarles un mensaje muy claro de cercanía, respeto y solidaridad sincera. Estamos aquí, al lado de nuestra comunidad, listos para sumar y reconstruir.
Pero incluso en medio de la adversidad, Cali vuelve a recordarnos lo que verdaderamente nos define en los momentos más difíciles: nuestra capacidad de unirnos, responder con empatía y salir adelante.
Nuestra ciudad ha sabido abrazar la fortaleza ante circunstancias excepcionales. Vivimos una pandemia que transformó nuestra manera de entender la salud y el cuidado; atravesamos periodos de profunda tensión social que pusieron a prueba nuestro tejido colectivo; y hoy nos enfrentamos a las consecuencias de un terremoto que ha impactado el corazón de nuestra región.
De cada uno de estos desafíos hemos aprendido una lección fundamental: la verdadera resiliencia no es solo resistir el impacto. Es prepararnos con responsabilidad, aprender con humildad, adaptarnos con agilidad y, por encima de todo, cuidarnos los unos a los otros.
Desde la Fundación Valle del Lili, nuestra vocación ha sido y seguirá siendo estar presentes para Cali a través de lo que mejor sabemos hacer: cuidar la vida.
Asumimos este propósito con absoluta convicción y con la humildad de reconocernos como una parte más de esa gran red de instituciones, profesionales y ciudadanos que hoy entregan lo mejor de sí sin descanso. Sin embargo, también lo hacemos conscientes de la inmensa responsabilidad que llevamos a cuestas: la de ser un faro de preparación, alta capacidad y respuesta oportuna para Cali y todo el suroccidente colombiano en los momentos en que más nos necesitan.
Nuestra infraestructura, capacidad hospitalaria, tecnología de vanguardia y experiencia técnica son, sin duda, pilares fundamentales para responder en momentos de crisis. Sin embargo, nada de esto tendría un verdadero sentido sin el corazón de nuestra institución: las personas que lo hacen posible.
En estos días tan retadores, hemos sido testigos una vez más del compromiso extraordinario de nuestros “Ciudadanos Lili”. Hombres y mujeres que, aun sintiendo el peso de sus propias preocupaciones familiares y personales, han dado un paso al frente con una generosidad y un profesionalismo admirables para cuidar la vida de los demás. A cada uno de ellos, mi más profundo agradecimiento y admiración.
Detrás de esta capacidad de respuesta no hay improvisación; existe un trabajo riguroso y constante de preparación. Durante años, nuestro Comité Hospitalario de Emergencias ha fortalecido cada una de nuestras capacidades para anticipar riesgos, articular equipos y actuar con precisión impecable ante escenarios críticos. Aunque su experiencia y modelo de gestión han sido reconocidos como un referente de preparación y resiliencia hospitalaria, hoy, más que una satisfacción, este legado nos recuerda el enorme compromiso que asumimos: estar siempre listos cuando Cali nos necesita.
Una emergencia de esta magnitud nos deja una lección imborrable: nadie sale adelante solo.
La resiliencia no es una idea abstracta; tiene rostros y tiene manos. Son las manos de quienes rescatan, de quienes atienden en primera línea, de quienes donan, de quienes buscan, de quienes acompañan y de quienes sostienen a otros. Se encuentran en los organismos de socorro, en las instituciones de salud, en las autoridades, en el sector empresarial, en las organizaciones sociales, en los voluntarios, en los vecinos y en las familias. Cada rol es vital; cada esfuerzo es imprescindible.
Ha sido profundamente conmovedor ser testigos de la ola de solidaridad que Cali ha desplegado en estos días. Ver a personas ayudando a desconocidos, a instituciones poniendo todo su conocimiento al servicio de los demás y a equipos enteros trabajando hombro a hombro, por encima de cualquier diferencia, nos recuerda la verdadera esencia de lo que somos.
Sabemos que aún queda un camino largo por recorrer. Vendrán semanas de recuperación, acompañamiento y reconstrucción que nos exigirán a todos mantener encendida la misma responsabilidad, generosidad y entrega. Desde la Fundación Valle del Lili seguiremos haciendo nuestra parte: aprendiendo, fortaleciéndonos y estando siempre al servicio de nuestra ciudad y de nuestra región.
Tengo la absoluta certeza de que Cali volverá a demostrar de qué está hecha.
Porque reconstruir no se tratará únicamente de levantar aquello que se ha afectado en lo físico; se tratará de abrazarnos, de recuperar la confianza, de proteger a los más vulnerables y de recordar que nuestra mayor fortaleza siempre ha residido en la capacidad de actuar unidos.
Cuidar nos une. Y cuando nos cuidamos entre todos, el cuidado nos transforma en una comunidad invencible.