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Del estrés a la tranquilidad: un mensaje de esperanza posterior al terremoto en Colombia

24 agosto 2026

Del estrés a la tranquilidad: un mensaje de esperanza posterior al terremoto en Colombia

D. Hernan Gilberto Rincón

Dra. Manuela Montoya

Dra. Diana Prieto


Liliana es una mujer de 45 años, profesional, con historia de vida de pareja y familia “normal”, con hijos adolescentes, con periodos de dificultades financieras, algunos conflictos familiares, que siempre ha enfrentado asumiendo la tarea, con dedicación y con esfuerzo. Su salud ha sido en general buena, una molestia aquí y allá, pero nada grave o crónico. Estaba saliendo de su casa el pasado lunes 10 de agosto de 2026, cuando ocurrió el terremoto, su esposo presentó lesiones delicadas, pero recuperables, sus hijos, quedaron muy temerosos, perdió a su mejor amiga porque el edificio donde vivía colapsó. Se siente muy triste, muy angustiada, no duerme bien, piensa mucho en todo lo ocurrido.  

Fernando es un hombre de 55 años, con formación técnica, con un empleo estable, tiene pareja y familia. Ha tenido en el pasado algunas dificultades emocionales que relaciona con una infancia dura, pero que con ayuda médica y psicológica ha logrado enfrentar y manejar. Se sentía en general bien, hasta que llegó el terremoto. Ahora piensa “que situación tan dura”, tiene personas conocidas que lo perdieron todo, tiene compañeros de trabajo que no quieren volver a la oficina porque es en un edificio que se vio afectado o porque han observado todos los edificios que se han derrumbado.  La situación lo ha afectado, siente mucha ansiedad, temor, impotencia, piensa mucho si la vida vale la pena.  

La historia de Liliana o Fernando ejemplifica las historias de muchas personas en las regiones afectadas por el terremoto en Colombia. Sin embargo, algunos casos, pueden ser más severos por la afectación física, emocional o social. En esta carta de la salud se explica acerca de los mecanismos psicofisiológicos de la respuesta de estrés, desde la normalidad hasta la patología, la evolución esperada, las señales de alarma y se dan recomendaciones para su manejo.


Los mamíferos, en este caso los humanos, vienen dotados de un sistema de defensa muy sensible denominado sistema nervioso (SN). El cual tiene diferentes vías para percibir y trasportar la información o estímulo del ambiente externo y del cuerpo a la mente-cerebro.  

La mayor parte de la información que recibe la mente es inconsciente y es categorizada como segura o amenazante, con una respectiva respuesta de tranquilidad o de alarma y defensa, esta última denominada respuesta de estrés (RE). Dado que buena parte del proceso y respuesta es inconsciente, la persona solo se puede dar cuenta cuando ya la RE está ejecutada.  

Es necesario destacar que la categorización que la persona hace del estímulo percibido depende de muchos factores. Por ejemplo, hay estímulos muy severos, en este caso, una situación externa como un terremoto es un evento que se percibe a través de muchos sentidos: visual, auditivo, táctil, propioceptivo, etc., que confluyen y rápidamente superan las barreras llegando a la conciencia. Por lo tanto, cuando el estímulo es muy fuerte la RE tiene componente consciente e inconsciente en forma simultánea.  

Otro factor es la historia de exposición a eventos estresantes durante el curso de la vida. Cuyo efecto se puede calcular o por la fuerza y severidad de los eventos o por su acumulación, con un impacto mayor en las etapas tempranas de la vida, cuando el cerebro y la mente se están formando (Ver carta de la Salud #324). Por ejemplo, desde el útero hasta la adolescencia versus la edad adulta joven hasta la vejez.  

Para poder categorizar, la mente que recibe la información o estímulos ejerce inicialmente una RE defensiva rápida generalmente inconsciente o con un nivel bajo de conciencia y paralelamente está comparando la experiencia presente con las memorias de experiencias pasadas. En forma simultánea hay una activación emocional que le da color a la experiencia tiñéndola de temor cuando la amenaza es percibida, cada vez más consciente, como inminente.  

En ese contexto, se disparan todos los mecanismos defensivos conocidos como Enfrentamiento, Evasión, Entumecimiento, Entrega o Extenuación (Ver tabla 1). Los cuales, aunque son parte de la RE frente a lo que se perciba como amenaza y vienen predeterminados en los mamíferos, los mecanismos de activación, inactivación o percepción consciente pueden ser modificados durante el curso de la vida por las experiencias o exposiciones previas


Una vez la persona comprende que la RE tiene las características explicadas, la idea es que pueda llegar a modular esa respuesta. En ese sentido, es fundamental entender la interacción persona-contexto.

Por un lado, la persona puede tener historias de experiencias de vida traumáticas y difíciles o, por el contrario, tener una historia de vida con ambientes física, emocional y socialmente seguros. Además, la combinación de posibilidades y la forma como se enfrentaron en su momento es amplia para cada ser humano. Incluso la persona puede defensivamente haber olvidado las experiencias y las reacciones, quedando hoy día solo los rasgos de temperamento.

El contexto, por su parte, puede tener muchas características traumáticas o protectoras diferentes, porque un terremoto no lo vive cada persona de la misma manera. La situación física del momento, en especial el nivel y la severidad de los estímulos externos. El momento emocional, por ejemplo, si la persona ya venía afectada por otras situaciones. Y el contexto social, donde se encontraba la persona, en el trabajo, en su casa, en la calle, otras personas de su familia o equipo expuestas, que tipo de ayuda pudo dar o recibir, que tan aislado e impotente se sintió, etc.

Hay que recordar que toda la RE es producto de actividad de las neuronas y de otros sistemas del cuerpo, las cuales, como células, tienen capacidad finita. Es decir que, si la exposición es demasiado intensa o prolongada, puede llegar el agotamiento, con modificación de la tolerancia y afectación de la RE de allí en adelante, e incluso si el estímulo no cesa, puede peligrar la vida.


Una forma sencilla de entender la relación entre la persona y el contexto es considerar que los humanos y los anímales mamíferos necesitan espacios o contextos física y emocionalmente seguros para recuperarse, estar bien y dar el máximo potencial. Usualmente en las 2-4 semanas siguientes a un estrés severo como un terremoto, la RE y los síntomas deben disminuir. Estas recomendaciones pueden ayudar a la recuperación: 

Se requiere que la persona perciba que está en un lugar físicamente, emocional y socialmente seguro.  Con acceso a los servicios básicos de comida, hidratación, intimidad, etc.

Que la persona pueda en forma inmediata o gradual, dependiendo de las circunstancias, asumir sus rutinas previas, cuidado personal general y específico para su recuperación y rehabilitación. Incluye recuperar hábitos de sueño y alimentación saludable. 

Buscar de manera gradual la regulación física y emocional. Utilizando todos los recursos que sean necesarios y estén disponibles, de acuerdo con la necesidad médica o psicológica. Incluye ejercicio gradual, contacto con la naturaleza, música relajante, orientación y apoyo profesional, meditación, yoga, medicación y otras actividades. Evitando el abuso de alcohol o sustancias psicoactivas.  

En lo posible evitar estar aislado, que perciba apoyo, que se le escuche, que pueda hablar, expresarse sin sentirse juzgado o criticado. Incluye el soporte de familia, amigos, compañeros de trabajo, profesionales de la salud, otros grupos de apoyo.  

En algunos casos, el nivel de trauma individual, familiar o social puede afectar la percepción de identidad o rol. Es importante que la persona gradualmente se perciba parte de y conectada como un miembro de familia y del grupo social, que se le aprecia y que tiene un rol activo, incluyendo el comunitario y el laboral donde se puede desempeñar, proyectarse y ayudar a otros. 

Parte de la recuperación es poder volver a disfrutar, tanto en forma individual como en pareja, familia y comunidad. En algunos casos el trauma, se convierte en una oportunidad para revisar la forma de vida, los valores y las prioridades convirtiéndose en un punto de inflexión y cambio.   


  1. Sensación de estancamiento emocional: Presencia de tristeza profunda, miedo, rabia o llanto que no disminuyen gradualmente con el paso de los días. 
  1. Dificultades de adaptación: Problemas para retomar la rutina diaria, las responsabilidades laborales o los quehaceres debido a la desmotivación o la desconcentración sostenida. 
  1. Pensamientos intrusivos y angustiantes: Recuerdos recurrentes e involuntarios sobre el evento que generan sobresalto e interrumpen el flujo normal del día. 
  1. Conductas de evitación: Necesidad extrema de evitar lugares, sonidos, personas o conversaciones que recuerden el suceso, limitando la tranquilidad personal. 
  1. Tensión interpersonal: Aumento notable de discusiones, irritabilidad constante con los seres queridos o una tendencia a aislarse socialmente. 
  1. Dificultades en el procesamiento: Sentir la necesidad de hablar sobre la experiencia traumática, pero ser incapaz de hacerlo con la red de apoyo habitual por sentir que no comprenden la magnitud del miedo. 

¿Cuándo buscar una consulta por psiquiatría?

La evaluación por Psiquiatra es estrictamente necesaria, en cualquier momento del proceso, cuando los síntomas son intensos, desbordantes, ponen en riesgo la integridad de la persona o se acompañan de alteraciones graves del comportamiento. De acuerdo con los lineamientos oficiales para la atención de desastres, los criterios de alarma para la remisión al especialista incluyen:   

  1. Riesgo contra la vida: Presencia de riesgo de suicidio.   
  1. Pérdida de contacto con la realidad: Aparición de episodios psicóticos.   
  1. Impacto profundo en la funcionalidad: Dificultades marcadas en la vida familiar, laboral, escolar o social.   
  1. Cuadros de extrema severidad: Gran sufrimiento por la intensidad del trastorno.   
  1. Falta de respuesta al apoyo primario: Síntomas persistentes o graves que no han mejorado con el manejo inicial.   
  2. Trauma instaurado: Presencia de un trastorno de estrés agudo o postraumático severo diagnosticado por profesional de la salud.

La vivencia de un evento inusual y traumático, como el reciente sismo, altera la cotidianidad y el equilibrio general de la población. Para las personas con un diagnóstico psiquiátrico de base o con limitaciones mentales, es esperable el surgimiento de preocupación frente al impacto que dicha situación pueda tener sobre su estabilidad clínica. En este contexto, resulta fundamental proveer información clara, brindar apoyo y fomentar la confianza en las capacidades de adaptación de la persona. 

Recomendaciones para el mantenimiento del bienestar: 

  • Preservación de las rutinas: gran parte de las personas con un trastorno mental presentan vulnerabilidad ante los cambios repentinos en sus ambientes y rutinas. Por consiguiente, ante la desorganización posterior a un sismo, se sugiere la estructuración de la cotidianidad mediante el mantenimiento riguroso de los horarios de sueño, alimentación y descanso.   
  • Continuidad del tratamiento: la medicación y los procesos psicoterapéuticos constituyen el principal factor protector. Preservar la adherencia a las indicaciones médicas y psicológicas resulta de vital importancia en este escenario clínico. 
  • Uso de canales de ayuda general: los servicios de salud mental estructurados para la población general son igualmente benéficos para aquellos con un trastorno mental previo, puesto que el estrés derivado de los desastres afecta a todos los grupos poblacionales sin distinción. La participación en espacios de apoyo comunitario o institucional está altamente indicada. 

Se debe reconocer que, en múltiples ocasiones, la persona ha alcanzado un nivel de estabilidad clínica o balance que resulta frágil al momento del desastre, por lo que es previsible que el estrés agregado quiebre este equilibrio. La agudización de la sintomatología previa no debe interpretarse como un retroceso terapéutico definitivo, sino como una respuesta esperada frente a la emergencia. En determinados casos, puede requerirse soporte adicional mediante psicoterapia individual, familiar o grupal, ajuste farmacológico o, de ser necesario, hospitalización para recuperar la estabilización.

Tabla 1. Respuestas al estrés y al trauma: modelo de las 5 E (Enfrentamiento – Evasión – Entumecimiento – Entrega – Extenuación) 

Mecanismo de las 5 E (En inglés 5 F) Función / significado Estado de Sistema nervioso autonómico predominante Síntomas autonómicos y fisiológicos Manifestaciones clínicas / conductuales 
Enfrentamiento (Fight) Movilizar recursos para confrontar, bloquear o neutralizar una amenaza. Incluye moverse, correr, hablar, gritar, etc. Predominio simpático: movilización adrenérgica (adrenalina). • Aumento de frecuencia cardíaca y presión arterial. 
• Respiración rápida; posible hiperventilación. 
• Aumento del tono muscular, especialmente mandíbula, hombros y extremidades. 
• Dilatación pupilar, sudoración y mayor disponibilidad de glucosa. 
• Irritabilidad, enojo o urgencia de actuar. 
• Postura defensiva, voz elevada, puños o mandíbula tensos. 
• Atención focalizada en la fuente de amenaza. 
Evasión, Escape, Evitamiento (Flight) Aumentar la distancia respecto de la amenaza, escapar o buscar espacios seguros. Predominio simpático: preparación motora para el escape. • Taquicardia y aumento del gasto cardíaco. 
• Respiración rápida y superficial. 
• Temblores, inquietud motora y sudoración. 
• Boca seca y reducción transitoria de actividad digestiva. 
• Impulso de salir, alejarse o evitar. 
• Exploración visual del entorno e hipervigilancia. 
• Inquietud, urgencia o dificultad para permanecer en el lugar. 
Entumecerse, engarrotarse o envararse (Freeze) Detener transitoriamente la acción para “reducir posibilidad de ser detectado” y evaluar la amenaza antes de responder.  Incluye bloquearse, paralizarse, sentir que el cuerpo no le responde. Coactivación autonómica variable: activación simpática con modulación parasimpática; puede presentarse desaceleración cardíaca relativa. • Reducción marcada del movimiento corporal. 
• Respiración contenida o más superficial. 
• Posible desaceleración de la frecuencia cardíaca. 
• Aumento del tono muscular y orientación sensorial intensa hacia la amenaza. 
• Sensación de quedar “paralizado” o incapaz de iniciar una acción por unos instantes. 
• Atención intensamente fijada en el peligro. 
• Como respuesta más extrema puede presentar disociación, hasta la inmovilidad tónica/colapso/síncope. 
Entrega (Fawn, appeasement) Reducir el riesgo en la relación interpersonal mediante la conducta de sumisión, cooperación o adaptación excesiva a las demandas del otro. No existe un perfil autonómico único establecido. Puede coexistir activación simpática con esfuerzos de regulación social. • Signos inespecíficos de ansiedad: taquicardia, tensión, sudoración. 
• Molestias gastrointestinales o “nudo” en el estómago. 
• Fatiga posterior a interacciones de alta exigencia emocional. 
• Complacer, ceder, disculparse o anticipar necesidades ajenas para reducir conflicto. 
• Expresión conciliadora pese a miedo o malestar interno. 
• Dificultad para establecer límites bajo amenaza interpersonal. 
Extenuación (Fatigue, burnout, exhaustion) Desgaste acumulativo por exposición persistente a demandas que exceden la capacidad de recuperación. No es parte de la defensa aguda, sino el agotamiento porque la RE no se apaga. Se utiliza mucho en el contexto ocupacional y en el síndrome del cuidador agotado. Desregulación o menor flexibilidad autonómica; la activación puede oscilar entre hiperactivación y bajo nivel de activación. Hay perdida de la capacidad de recuperación autonómica, con disfuncionalidad. • Fatiga persistente y sueño no reparador. 
• Alteraciones del sueño y de la energía diurna. 
• Tensión muscular, cefalea y síntomas gastrointestinales. 
• Posible menor variabilidad de la frecuencia cardíaca y recuperación fisiológica más lenta. 
• Cambios del eje neuro-endocrino son heterogéneos y dependen de duración, intensidad y contexto. 
• Agotamiento físico y emocional. 
• Menor atención, concentración, memoria de trabajo y eficiencia. 
• Intolerancia, irritabilidad, inseguridad desmotivación y sensación de sobrecarga. 
• En burnout ocupacional: agotamiento, distanciamiento/temor o rechazo al trabajo y menor eficacia profesional. 

Nota: Las cuatro primeras E describen estrategias defensivas que pueden aparecer ante amenaza aguda. La quinta, Extenuación, representa un patrón de desgaste asociado a estrés persistente y no una respuesta defensiva aguda. Los perfiles autonómicos son tendencias fisiológicas y pueden variar entre personas y situaciones. 


Partir una idea central: no intentar “eliminar” el estrés, sino ayudar al sistema nervioso a recuperar gradualmente capacidad de regulación, siempre después de verificar seguridad física y emocional.


Teniendo en cuenta las cinco respuestas frente a la amenaza:
Enfrentamiento → Evasión → Entumecimiento → Entrega → Extenuación.
Se proponen varias técnicas para poner en práctica.


Objetivo: desplazar la atención desde la amenaza hacia el contexto presente.
Esto es especialmente importante después de un evento traumático, dado que la seguridad física, emocional y social hacen parte del primer requisito de recuperación.
1–2 minutos
De pie o sentado, con los pies apoyados en el suelo.
Ejercicio: “Estoy aquí, ahora”
– Mirar lentamente alrededor.
– Identificar 3 elementos visuales.
– Percibir 2 sonidos.
– Sentir el contacto de los pies con el suelo.
– Observar dónde el cuerpo está apoyado.

Preguntarse: “¿Estoy físicamente seguro en este momento?”
No es necesario cerrar los ojos ni profundizar inmediatamente en sensaciones internas


Exhalación prolongada: Respiración cómoda, sin forzar.La consigna no es “respirar profundo”, sino: “Respira suave y deja que la exhalación sea un poco más larga.” Evitar inspiraciones máximas o hiperventilación.3–5 minutos (Repetir 8–12 ciclos)
– Inspirar suavemente por la nariz: 4 segundos
– Exhalar lentamente: 6 segundos.
Señal de buena tolerancia
– mandíbula menos tensa
– hombros descendiendo
– respiración espontáneamente más lenta
– sensación de mayor espacio corporal


Sacudir tensión: útil cuando predominan inquietud, tensión muscular o urgencia de actuar, manifestaciones descritas en las respuestas de enfrentamiento y evasión.
Frase: “No necesito luchar contra la sensación. Permito que mi cuerpo complete el movimiento y después descanso.”
1–2 minutos
De pie:
– Flexionar ligeramente las rodillas.
– Sacudir suavemente manos y brazos.
– Añadir hombros.
– Después piernas.
– Finalmente todo el cuerpo durante 20–30 segundos.
– Detenerse.
– Sentir el cuerpo quieto durante 20 segundos.
No se busca intensidad.


Empujar y soltar: La intención es proporcionar una salida motora controlada y segura, no aumentar la activación.
2 minutos

– De pie frente a una pared.
– Colocar ambas manos contra ella.
– Inspirar suavemente.
– Empujar la pared durante 4–5 segundos.
– Exhalar y soltar progresivamente.
– Relajar brazos y hombros.
Repetir 5 veces.


El entumecimiento/Freeze es la reducción marcada del movimiento, respiración más superficial y sensación de estar paralizado o incapaz de iniciar una acción.
Micro-movimiento: “No tienes que moverte mucho. Solo necesitas recuperar un pequeño movimiento.”Sentado:
– Mover lentamente los dedos de los pies.
– Presionar suavemente los pies contra el suelo.
– Soltar.
– Mover dedos de las manos

– Rotar lentamente muñecas.
– Elevar ligeramente hombros.
– Soltar.
– Girar lentamente la cabeza hacia un lado y regresar.
Repetir 5-6 veces.


“Por ahora no necesito resolver todo. Mi tarea es recuperar estabilidad, un momento a la vez.”
Acostados sobre la espalda, manos sobre el cuerpo: Una mano sobre el tórax y otra sobre el abdomen, solo si el contacto corporal resulta confortable.
2 minutos

Observar, sin modificar nada durante 30 segundos:
– Temperatura
– Movimiento respiratorio
– Peso corporal
– Puntos de apoyo


Al despertar: activar sin sobreestimular
– 2 min orientación
– 3 min movilidad articular
– 3 min caminata consciente
– 3 min respiración natural con exhalación ligeramente prolongada
– 2 min estiramiento suave
– 2 min intención del día

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